domingo, 4 de agosto de 2013

De cumpleaños y fondant.

Uno de los pocos acontecimientos sociales a los que suele acudir un Padre del Siglo XXI es, sin duda alguna, a las fiestas de cumpleaños de los amiguitos, compañeros de cole o vecinos de nuestros hijos.
También están los de los hijos de tus amigos, que son los mejores. Desde la llegada de los pequeños no se dispone de mucho tiempo para quedar con amigos y si ellos también tienen hijos se necesita casi un milagro para poder hacer coincidir los horarios de todos, que alguno de los niños no esté enfermo y un sinfín de condicionantes que surgen para evitar ese reencuentro tan deseado.

Porque siendo sinceros, cuando un día tu hijo te dice:
- Me han invitado a un cumple!
Enseguida se te tuerce el gesto, y le preguntas:
- Y de quien es el cumple?
Por preguntar algo, porque salvo dos o tres amiguitos, al resto no le pones ni cara ni nombre, tienes que esperar a que tu mujer te de más pistas sobre el cumpleañero y sobre sus padres, en plan:
- Si hombre, Luisito, ese niño rubio con las piernecillas muy flacas, que su padre tiene un BMW y su madre es muy simpática aunque un poco falsa, cuando los veas seguro que caes.
Ya te han fastidiado el sábado por la tarde, justo el día que juega el Madrid, otro motivo más para ir "desganao".

El día del cumple es un fastidio, si tienes suerte y ya habéis comprado el regalo, te ahorras un viaje deprisa y corriendo a un masificado centro comercial, con la consiguiente bronca con la jefa del tipo:
Tú:
- Siempre lo dejamos todo para el último día.
Ella:
- Ah, pues haber ido tú a comprar el regalo.
Tú:
- Yo? y cuando quieres que vaya si entre semana estoy trabajando.
Ella:
- Y yo que te crees que hago todos los días?
.....

Una vez conseguido el dichoso regalo y con un cabreo considerable, llegas al lugar de los hechos, atiborrado de gente, en donde a la mitad solo la conoces de hola y adiós y a la otra mitad no la has visto en tu vida, y en el que tienes que pasar las siguientes horas sin parecer un marginado social, que es lo que según tu mujer parecías en el último cumple al que fuiste, y todo por sentarte en un rincón a beber cerveza y a comer gusanitos sin hablar con nadie.

Superada la prueba y ya medio integrado entre el grupo de los adultos llega el momento cumbre del evento: soplar las velas.
Ahí es cuando te quedas flipado al ver salir una tarta de cumpleaños como si fuese un dibujo pero en 3D, con los personajes de las películas o las series de dibujos.
Los niños alucinan con la tarta de los Cars, o de Calliou o del personaje preferido del homenajeado. Y tú con ellos.

Y le preguntas a tu mujer: 
- ¿Y eso se come?
Tu mujer te contesta:
- Pues claro, los muñecos y la capa de encima de colores están hechos de fondant.

Alucinas hasta que te sirven un trozo, consigues partir un poco de ese material de vivos colores pero desconocido para ti, con esa cuchara de plástico inofensiva hasta en las manos de Anibal Lecter, y te lo llevas a la boca. 
Lo primero que te viene a la mente cuando consigues despegar el trozo de fondant de tus muelas sin que se te vayan los empastes detrás es, dios mio, que cosa tan empalagosa!
Después te metes otro trozo en la boca, a ti, con lo goloso que eres no es posible que se te resista una tarta, y menos ésta con lo bonita que es. Pero es imposible, el fondant dichoso no hay quien se lo coma y el bizcocho que hay debajo se ha quedado más seco que la suela de un zapato.
Con lo buenas que estaban las tartas que hacían nuestras madres para nuestros cumpleaños, la típica de galleta y chocolate, o bizcocho con chocolate. Estéticamente no eran nada del otro mundo pero estaban deliciosas.

Pero bueno, ahora interesa más lo visual, hasta en las fiestas de cumpleaños de los pequeños y aunque nos gastemos un dineral en la dichosa tarta.

Y tú, prefieres las tartas de toda la vida o te has pasado a la moda fondant?


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